Contra la angustia y la ansiedad…!!

Posted By casadedios1@peynado1.com on February 6, 2010

Contra la angustia y la ansiedad…

Dr. Pablo Martinez Vila

En su sentido positivo, la ansiedad es una fuerza que nos lleva a tomar decisiones y dar pasos necesarios para afrontar mejor cualquier problema.

La ansiedad es uno de los problemas emocionales más frecuentes de nuestros días en los países desarrollados. Se calcula que hasta un 20% de personas sufre alguna forma de ansiedad patológica que requiere tratamiento: fobias, trastornos de pánico, ansiedad generalizada en forma  de inseguridad y aprensión constantes, síntomas físicos como mareos, ahogos, dolores de cabeza,etc.

¿Cómo se explica este incremento tan notable en una sociedad -la occidental- que ha alcanzado unas altas cotas de progreso técnico y de riqueza? ¿No es una paradoja que el incremento del bienestar material tenga la ansiedad como sorprendente «compañera de viaje»?

Entendiendo el significado de la ansiedad

La ansiedad no siempre es patológica. De hecho, hay un tipo de ansiedad que actúa como un valioso estímulo en la vida porque nos motiva. Es la fuerza que nos impulsa a ocuparnos adecuadamente de personas o situaciones que lo requieren. Un ejemplo de esta preocupación positiva lo tenemos en la actitud de Pablo por las iglesias en el versículo citado de 2 Corintios 11:28.

La palabra usada aquí merimna es la misma que Jesús utiliza en Mateo 6:25 para condenar cierto tipo de ansiedad, lo cual nos demuestra que el problema no está en la ansiedad en sí misma, sino en su contenido -el qué nos preocupa- y en las actitudes que la rodean.

En su sentido positivo, la ansiedad es una fuerza que nos lleva a tomar decisiones y dar pasos necesarios para afrontar mejor cualquier problema. Hasta aquí podemos hablar del valor adaptativo de la ansiedad, la «ansiedad buena» que es una herramienta necesaria para la vida misma.

Sin embargo, una cosa es ocuparse y otra preocuparse. La ansiedad en su sentido más popular conlleva la idea de una preocupación excesiva por el futuro, cercana al miedo, que puede erosionar y hasta paralizar la capacidad de lucha:

  • «Qué me va a ocurrir? ¿Qué será de mi vida?
  • ¿Cómo evolucionará esta enfermedad?
  • ¿Podré trabajar?
  • ¿Ganaré lo suficiente para sostener a mi familia?.

Un sinfín de incertidumbres pueden planear sobre nuestra mente en algún momento de la vida. La inseguridad y el miedo dominan los pensamientos en un círculo vicioso del que no sabemos salir. Es como si el mundo se nos viniese encima y nos aplastara. No olvidemos que la palabra ansiedad -o su sinónima angustia- proviene de una raíz etimológica que significa estrechez, desfiladero, algo que ahoga u oprime.

Hemos de combatir este tipo de ansiedad porque esta suele actuar como un lastre en la vida.

  • Ansiedad buena y ansiedad mala:
  • Ser ansioso versus estar afanoso

Es importante tener clara la enseñanza bíblica sobre la ansiedad. Con frecuencia, conceptos erróneos son fuente de sentimientos de culpa injustos. Debemos trazar una distinción entre ser ansioso y estar afanoso (afanarse). La diferencia es clara no sólo desde el punto de vista semántico, son vocablos diferentes, sino también conceptual, reflejan realidades distintas.

La ansiedad a la luz de la Biblia

«No os afanéis por el día de mañana». La ansiedad existencial. A diferencia de la anterior, se trata de una reacción de desconfianza ante el futuro, en especial en los aspectos más esenciales de la vida: comida, salud, abrigo, tal como Jesús señala en el Sermón del Monte (Mt. 6:25-31). El verbo merimnao aparece hasta cuatro veces en el texto y da la idea de estar muy preocupado, abrumado, hasta el punto de generar inquietud, desasosiego.

Es la misma palabra que Jesús utiliza para reprochar a Marta su actitud: «…afanada y turbada estás». Este tipo de ansiedad es claramente condenada en la Biblia porque en su base hay una falta de confianza en la provisión de Dios. Implica, en la práctica, negar dos atributos básicos del carácter divino: su fidelidad y su providencia. Es hacer a Dios pequeño, convertir al Todopoderoso en un «dios de bolsillo».

Si lo anterior era más un problema psicológico que requería tratamiento, la ansiedad existencial -el estar afanoso- es un pecado que requiere arrepentimiento. Su mejor tratamiento radica en poder exclamar como el salmista con plena certeza: «Mas yo en ti confío, oh Dios, en tu mano están mis tiempos» (Sal. 31:14-15).

No podemos concluir sin mencionar el antídoto por excelencia a esta ansiedad existencial: la oración. El apóstol Pablo nos ha legado uno de los pasajes más luminosos sobre el tema en Fil. 4:6-7: «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante del Dios y Padre en toda oración y ruego, con acción de gracias»

Este ejercicio espiritual combate la causa última de la ansiedad descrita al principio: la separación de Dios. Cuanto más aprendemos a desarrollar un sentido constante de la presencia de Dios en nuestra vida, esto significa la expresión «orar sin cesar»- tanto más vamos a experimentar el bálsamo terapéutico de la paz de Dios.

Pablo lo describe con tal fuerza que sobra cualquier comentario: «Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús».

Sobre el Autor: Dr. Pablo Martínez Vila

El Dr. Pablo Martínez Vila ejerce como médico-psiquiatra desde 1979. Realiza, además, un amplio ministerio como consejero y conferenciante en España y muchos países de Europa. Muy vinculado con el mundo universitario, ha sido presidente de los Grupos Bíblicos Universitarios durante ocho años

Fuente: Avanza Por Mas

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  • “Si orásemos así”

    “Si orásemos así”
    “Jabés oró al Dios de Israel, diciendo: " ¡Oh, si en verdad me bendijeras, ensancharas mi territorio, y tu mano estuviera conmigo y me guardaras del mal para que no me causara dolor! Y Dios le concedió lo que pidió”. 1 crónicas 4:10
    Cuántas oraciones hemos hecho y no nos explicamos por qué no son contestadas. A veces nos preguntamos ¿Qué está pasando? , ¿No lo estoy haciendo bien?, ¿He pecado sin darme cuenta? A partir de ese momento empezamos a hacer análisis y sacar conclusiones, buscar otros métodos para orar que nos den resultado.

    A Dios no se llega ni con métodos ni con reglas sino con el corazón porque orar no consiste en decir muchas palabras, en repetir oraciones aprendidas o en impresionarlo con palabras bonitas porque su corazón es tocado por el que se humilla y reconoce quién es Él.

    Jabés se menciona una sola vez en la Palabra y se menciona para dejarnos entender cómo su oración encontró respuesta de parte de Dios. Primero reconoció que el Dios de Israel al que Él estaba invocando era la fuente de toda bendición, levantó un clamor, pidió pasar a otro nivel (reconoció que había llegado a su límite) y pidió ser guardado del mal para que sus bendiciones no fueran estorbadas.
    Si orásemos así reconociendo y humillándonos, nuestras oraciones tendrían un alcance tan fuerte en los cielos que Dios concedería nuestras peticiones.

    Fuente: Iglesia Monte De Dios

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  • Salmo 23

    Salmo 23 Salmo de David El Señor es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará yacer: Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Guiaráme por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezarás mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores: Ungiste mi cabeza con aceite: mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: Y en la casa del Señor viviré para siempre.

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